jueves, 6 de noviembre de 2014

4A : Marcos, el joven lobo. La llamada del amor > 2014

A partir de la noticia de un hombre que vivió con lobos de los cinco a los veinte años
(https://www.youtube.com/watch?v=YEjGXT831WY   >> minuto 4': Marcos lamenta no haber compartido su vida con una mujer y los hijos deseados), hay que escribir un pasaje paralelo al de "La llamada de lo salvaje" (págs. 132 y ss.) en el que Marcos Rodríguez (el joven-lobo) siga el rastro de una chica con el fin de expresarle sus sentimientos.

Tenéis algún modelo en otra entrada de 4A de cursos pasados. Podéis consultar ese material, pero vuestro trabajo ha de ser original..

Cierre: Martes 11 de noviembre / 22:00



30 comentarios:

  1. Marcos, un jovencito abandonado en el bosque por un pastor, encontro en la naturaleza la felicidad. Para él aprender a cazar y a pescar le llevó poco tiempo ya que se acostumbro rapidamente a su nueva vida salvaje y solitaria, aunque tenía una familia de lobos, aquellos que le cuidaban y le alimentaban. Además los cachorros de la camada jugaban con él. Aquellos lobos eran muy importantes para él, eran su única familia, él se sentía uno de ellos, hasta aprendio a aullar como los lobos. Él creía que todo marchaba bien pero lo que no sabía era que, no muy lejos de allí había una salvajita con nombre pero sin apellido. La muchacha llamada Ainhoa fue desterrada de su pais y tuvo que marcharse a vivir a la selva. Vivía allí desde muy temprana edad, íncluso, se podía decir que se crío en la selva. Ella era algo más jovencita que Marcos, pero igual o íncluso más inteligente y avispada que él. No le hacía falta la ayuda de los lobos para cazar animales grandes, ella fabricaba sus propios arcos y flechas con troncos y ramas de los árboles y creaba al igual que Marcos sus propias trampas.
    Un buen día, tuvieron un horrible a la vez que fascinante encuentro. Marcos estaba colocando una trampa para cazar un conejo, no muy lejos de la cueva en la que vivían él y los lobos, cuando de repente oyó el chasquido de una rama quebrandose en el suelo no muy lejos de él. Ese sonido retumbó a lo largo del claro del bosque gracias a las montañas que hacían un perfecto espacio para crear un eco claro y preciso. Marcos como apenas sabía hablar, ya que paso casi la mitad de su infancia en el bosque, solo logro articular tres palabras preguntando que que o quien estaba ahí. Su instinto animal que había logrado desarrollar a lo largo del tiempo, le advertía que debía huir. Pero cuando estuvo apunto de hacerlo, saltó de entre los árboles la salvajita, que se abalanzó sobre Marcos arrojandolo al suelo. El chico intentó deshacerse de la maraña de pelos que tenía encima, pero esta fue más rapida y lista que él y se lo impidio golpeandole secamente con una piedra y así Marcos perdío el conocimiento. Cuando lo recupero, poco a poco fue dandose cuenta que aquella persona que lo había atacado, no era más que una jovencita salvaje y que para su desagracia le había atado a un árbol. Ainhoa cuando se dio cuenta de que Marcos se había despertado, se paro en seco y se quedo observandolo largo rato, hasta que decidío hablar. Le pregunto que que hacía allí que ese era su territorio, Marcos tuvo que arreglarselas para explicarle su historia. Logro hacerlo a base de balbuceos y gestos; a Ainhoa le conmovío asique decidio soltarle. Ambos hicieron un pacto, cazarían y pescarían juntos además de convivir el uno con el otro sin matar el uno al otro. Tanto contacto a lo largo del tiempo hizo que se fueran conociendo y al cabo del tiempo como cabe esperar se acaban enamorando, comprobando así la teoría de que el roce hace el cariño. A pesar de no vivir en sociedad, ambos eran felices el uno junto al otro en la naturaleza. Cada día era único y especial, pues habían encontrado a alguien con quien compartir su soledad. Pasaban muy buenos momentos juntos y poco después tuvieron su primer hijo.
    Pero la felicidad en la naturaleza les duró menos de lo que esperaban. Un día mientras estaban bañando a su bebé en el río, les descubrió un cazador que pasaba por allí. Al tener un instinto sobreprotector como los animales con sus crías, Ainhoa cojió al niño mientras que Marcos atacaba al cazador con una piedra, éste le paro y les explico que solo pretendía ayudarles. El cazador les llevó a la ciudad en la que él vivía, que estaba muy proxima al bosque. Lo que el hombre pretendía era integrarlos en la sociedad. Les prestó una casa donde vivir y les estuvo enseñando cosas tipicas como, como vestirse, bañarse en condiciones. Poco a poco fue logrando su cometido. Años depués esta familia tuvo un lugar en la sociedad, aún que ellos echaban de menos el bosque y la naturaleza junto con los animales, en definitiva echaban de menoslo que ellos sentían que era su hogar.
    Saray Maculet 4º A

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  2. Los lobos esperaban impacientes a que llegara con la cría de ciervo que habían cazado. Marcos se encargaba de quitarle la piel al animal y repartir los trozos entre los lobos de la manada. Estos, en cuanto le vieron aparecer entre la espesura del bosque con la carne, se acercaron a Marcos y empezaron a morderle cariñosamente para que repartiera la comida. Un rato después, con los estómago lleno, la manada decidió irse a la cueva. Marcos empezó a seguirlos cuando, de repente, le llegó un olor extraño.

    Se paró en seco. Los lobos estaban demasiado lejos como para percatarse. En cambio, Marcos, movido por la curiosidad, se acercó al lugar de donde provenía ese olor. El olor se intensificaba cada vez más y más, hasta el punto en el que todo el aire estaba impregnado. Olía a rosas. ¿Rosas? ¿En pleno invierno? Marcos no entendía nada, hasta que vio que algo salía corriendo de detrás de los árboles. Marcos también empezó a correr. Y a correr. Estuvo como veinte minutos persiguiéndolo hasta que este, agotado cayó al suelo.

    Marcos se acercó cauteloso. Era una figura pequeña. Una mujer. De piel pálida. Llevaba una prenda de una tela que Marcos no supo identificar. Respiraba entrecortadamente. Marcos la examinó con más atención. Tenía los brazos y las piernas con rasguños y heridas causadas por el roce con los árboles. La figura se dio la vuelta. Marcos se sorprendió al comprobar que se parecían mucho. Los dos tenían el peo largo, dos ojos, orejas pequeñas y pegadas a la cabeza. Ella también corría con dos piernas, y no a cuatro patas, como lo hacían los lobos.

    quedó sorprendido cuando ella de agarró la mano sin ni siquiera dudarlo un momento. En cuanto estuvo en pie, empezó a hablar y a hablar hasta que se dio cuenta de que Marcos no la entendía.

    Le llevó un tiempo explicarle a Marcos que necesitaba curarse. Marcos la llevó al río. Mientras ella se curaba las heridas, Marcos se sentó en una roca. La contemplaba con admiración. Cuando ella se dio cuenta, le salpicó con el agua. Maros, como venganza, la salpicó con la triple cantidad de agua. La muchacha se quedó paralizada pero al momento empezó a reírse y a salpicar. Y así estuvieron durante un rato, jugando con el agua. Marcos se dio cuenta de que estaba anocheciendo, así que, decidido a no dejarla ir, la llevo a la cueva donde estaba su manada.

    Al llegar, ella se puso a jugar con los cachorros pero, cuando la loba madre llegó, empezó a gruñirla, y si no fuera porque Marcos se había interpuesto entre ella y la joven, la loba la habría devorado sin pensárselo dos veces. Marcos y la loba estuvieron “discutiendo” hasta que Marcos entendió que la muchacha no estaría a salvo con él. Ese no era lugar para alguien tan delicado y hermoso como ella.

    Marcos salió de la cueva seguido por la chica. Estuvieron andando y andando sin ni siquiera mirarse. Ella estaba confusa. Marcos había pasado de estar muy emocionado y atenta con ella hasta el punto de no mirarla. Llegaron a la linde del bosque que unía el pueblo con el bosque. Ella comprendió de golpe por qué la había llevado hasta allí. Marcos señaló en dirección al pueblo y la empujó con suavidad indicándola que debía irse. Ella no quería. Quería estar con lobos. Quería estar con él. Pero Marcos seguía empujándola. Empezó a caminar hacia el pueblo y cuando se dio la vuelta para despedirse, Marcos ya no estaba allí.

    Layla Bueno Vaquero 4ºA

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  3. LA LLAMADA DEL AMOR (Parte 1)

    Al levantarse, rápidamente se dio cuenta de que todo era distinto, pero no había cambiado nada en particular. Marcos podía sentir que algo importante iba a ocurrir gracias a su desarrollado instinto, ese que da el vivir tantos años en la naturaleza, rodeado de animales, de árboles, de libertad, pero también de innumerables peligros. Tantos años viviendo lejos de la especie humana, su especie al fin y al cabo, le habían enseñado que existen más de cinco sentidos y no pensaba ignorar las señales, aunque no le llegasen a través de uno de los cinco. No la veía ni la oía, él la sentía, pero no por el tacto. Sentía en su corazón una extraña llamada.

    Salió de la cueva donde él y sus hermanos los lobos habían pasado la noche. Lo recibió la cálida luz del sol y el canto de los pájaros. Algunas flores estaban empezando a brotar. Sí, le encantaba la primavera, la comida abundaba en esta época del año y el tiempo era perfecto. Se desperezó y comenzó a caminar hacia un arroyo que había cerca de la cueva, aún desconcertado por esa llamada. Se movía por la naturaleza como pocos humanos saben. Sus pies veloces no hacían el más mínimo ruido y se deslizaba entre los troncos con una agilidad sorprendente. A la vez que se desplazaba estaba atento a todo a su alrededor. Todavía recordaba sus primeros años en el bosque. Le había costado muchísimo conseguir esa destreza, bueno, le había costado en primer lugar sobrevivir. Fue una suerte que aquellos lobos lo aceptaran a su lado. Ahora sabía que el bosque era su hogar.

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  4. LA LLAMADA DEL AMOR (Parte 2)

    Ya podía ver el riachuelo, un poco más abajo. Estaba evaluando y decidiendo dónde se colocaría para pescar cuando notó una presencia. Para ser exactos, dos. Un hombre se acurrucaba contra un árbol y sollozaba ruidosamente. Una joven a su lado le intentaba animar. Había algo extraño en ella. Marcos se tensó, cayó en la cuenta de que esa llamada procedía de ella, que ni parecía notarlo. Debía estar alerta, aquellos seres eran de su especie, pero le producían gran desconfianza. Les estuvo observando un rato. Al parecer se habían perdido en el bosque. El señor estaba desquiciado, sus zapatos nuevos estropeados y le daba miedo estar lejos de la civilización. La muchacha, más optimista, empezó a buscar un sitio alto desde el que ver más allá de los frondosos árboles, con no muy buenos resultados.

    Estas personillas, claramente de ciudad que a veces venían al bosque desagradaban a Marcos infinitamente, sin embargo ella no. Había algo en esa chica… algo distinto a los seres humanos de ciudad, algo más parecido a él. Su fortaleza de espíritu, su optimismo contagioso… o quizás también era aquella energía que parecía desprender, como un aura dispersándose por el bosque.

    Se dio cuenta de que se había quedado ensimismado mirándola, observando las ondas rojizas de su pelo, moviéndose frenético detrás de ella cuando corría cogiendo impulso para intentar subirse a un árbol. Había bajado tanto la guardia que no se dio cuenta de que un hermano lobo también estaba observando la escena desde el otro lado. Solo que aquél estaba visiblemente más interesado en otra cosa: el saco con algunos suministros que yacía al lado del aún sollozante hombre. El animal, gruñendo se acercó hasta el saco. En cuanto advirtió su presencia, el individuo salió corriendo despavorido. En cambio ella, se quedó donde estaba, sabiendo que el lobo solo quería la comida y no la haría daño.

    Marcos se quedó perplejo ¡Ella no temía a los lobos! ¿Le temería a él? Avanzó con sigilo hacía la chica que tenía sus ojos verdes muy abiertos mirándole con curiosidad. Marcos dio una vuelta alrededor de ella y finalmente se quedó quieto. Más tarde sabría que se llamaba Aylín aunque como para Marcos todavía era una desconocida, cuando ella empezó a hablar, fue él quien se asustó y retrocedió unos pasos.

    Sin embargo, la desconfianza se esfumó en pocos minutos, a lo largo del día, mientras Marcos la guiaba por el bosque, Aylín le contaba cosas y le hacía preguntas que a él le costaba mucho responder porque no había hablado en años.

    Ya por la tarde, llegaron a la linde del bosque. Habían comido juntos sobre la hierba fresca y habían oído los cantos de los pájaros. Ahora no querían separarse, pero cada uno debía volver al mundo al que pertenecía.

    Esa noche, Marcos recordó cada momento junto a ella con gran nostalgia y deseando desde su alobunado corazón que se volvieran a ver pronto.

    Y sí, se volvieron a ver. Pasado algo más de un mes Marcos volvió a sentir esa extraña llamada, Aylín regresó al bosque ese día porque quería estar de nuevo con aquel chico, tan diferente a los que conocía. Y así, de vez en cuando se veían y cada uno esperaba ese día con gran emoción. No necesitaban acordar el lugar ni la hora exacta porque Marcos, siempre sentía esa llamada, esa llamada de amor que no entiende de apariencias o de salvajes y civilizados.

    Berta Andolz 4ºA

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  5. Marcos no era un muchacho corriente. Desde los 7 años, una manada de lobos lo crió y aprendió a vivir como ellos. Pero al cumplir 17 años su instinto como humano se fortaleció. Observaba a todas las parejas de lobos, y no podía evitar sentir envidia. Sabía que no podía formar una familia con una loba, sin embargo tampoco conocía a ninguna chica humana. Todo cambió el día que decidió salir de caza a solas.


    Estaba siguiendo de lejos a un ciervo cuando la vio. Era la chica más guapa que podía imaginar, y probablemente la primera que veía desde hacía muchos años. No era muy alta, pero sí delgada. Tenía la piel fina, suave y pálida. Su cabello castaño ondulado realzaba sus ojos azules. Marcos quiso acercarse a ella pero pudo apreciar que otro hombre, su padre pensó, llevaba un arma. Su traumática experiencia antes de unirse a los lobos le obligó a quedarse donde estaba sin acercarse lo más mínimo a esa escopeta. Y, de pronto, ella le vio. A pesar de estar escondido entre los arbustos, supo que era a él a quien miraba. El pulso se le aceleró y quiso huir, pero no pudo. Estaba hipnotizado por su belleza. Memorizó cada detalle de su rostro antes de que ella siguiera su camino junto a su padre.

    Desde ese día nada volvió a ser igual. La chica empezó a escaparse sola al bosque en busca de Marcos. Era peligroso, pero una fuerza dentro de ella la impulsaba a hacerlo. Marcos, por su parte, se recorría el bosque de arriba abajo olfateando, intentando encontrar el delicioso perfume que delatara donde estaba ella. Al cabo de varias semanas volvieron a encontrarse. Marcos estaba bebiendo agua en un río junto con tres lobos. Los lobos la detectaron y corrieron hacia ella, pero Marcos, al darse cuenta de quien era, emitió un gruñido y se interpuso. Los lobos se detuvieron, y tras varios quejidos y bufidos de resignación se marcharon. La chica se lo agradeció, aunque él no entendía nada. Había olvidado el lenguaje humano. Pasaron horas observándose, y de pronto ella se acercó para tocarle. Marcos se apartó instintivamente, pero después de varios intentos más, su corazón humano silenció al lobo y cedió. La chica le acarició el rostro con sumo cuidado. Durante las siguientes semanas volvieron a verse a menudo y el tiempo pasó muy rápido para ambos.

    Una fría mañana de invierno, Marcos acudía a su cita con la chica. Pensaba decirle que la quería, el problema era como hacerlo ya que Marcos aún no se manejaba con las palabras. Cuando llegó sintió que el mundo se derrumbaba a sus pies. Ante él había una auténtica masacre. Vio a la chica tendida en el suelo ensangrentada. Su padre lloraba a su lado y sostenía una escopeta. Alrededor de ellos había media docena de lobos, todos muertos a causa de disparos en el cráneo. El padre levantó la vista, y al ver a Marcos, su furia incrementó y profirió un grito desgarrador. Disparó. Por suerte, Marcos fue más rápido y la bala le impactó en el hombro. Desde ese día asumió que él era un peligro para cualquier ser humano y decidió no volver a enamorarse, a pesar de que desconocía el significado de esa palabra.

    Alba Molina Muedra 4ºA

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  6. Marcos vivía en un pueblo . Tras la muerte de su madre , su padre decidió venderle a un pastor . Aquel pastor le enseño a cuidar a los animales , cazar , hacer fuego y pescar .

    Cuando Marcos tenía tan solo 7 años , el pastor faleció. Marcos tuvo que continuar su vida en el monte y poco a poco se fue familiarizando con el lugar y los hábitos de allí . Él solía refugiarse en una cueva con los lobos y aprendió a cazar como lo hacían ellos .Poco a poco fue perdiendo el habla .

    Una mañana , mientras Marcos estaba acurrucado entre los lobos , escuchó una voz que venía del exterior .Salió a echar un vistazo y cuando alzó la vista vio a una chica . Él nunca había visto una chica con esa belleza . Tenía la piel pálida ; mejillas rosadas que realzaban sus ojos color azul ; un largo cabello dorado que no sobrepasaba su cintura . Cuando la chica le vio , se asustó ( tenía un aspecto salvaje y sucio ) y echó a correr cuando se tropezó con una rama caída de un arbol . Marcos fue corriendo a ayudarla y fue ahí cuando intercambiaron una mirada y la chica comprendió que no quería hacerla daño . Marcos intentaba comunicarse por gestos, pero ella no le entendía . De todas formas ella le dijo que se llamaba Sara . Escucharon una voz que gritaba :¿ Sara donde estas ? -era su madre que la estaba buscando . Al instante ella se despidió de Marcos y nunca mas se volvieron a ver . Marcos solía ir todos los días al río por si acaso la veía pero pasaron los años y nunca regresó aquella chica .

    Susana Bermudez Herreros 4ºA

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    1. *Falleció
      *Tuvó

      Susana Bemúdez 4ºA

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  7. Marcos era un niño de 7 años que vivía junto a su madrastra y su padre . Debido a la penosa situación financiera de el padre , tuvo que ser abandonado en el monte junto a un pastor que años después falleció .


    Marcos aprendió a hacer cosas que jamás otro humano podría llegar a aprender en su vida . Cada día que pasaba Marcos aprendía muchas cosas . Inventó sus propios trucos para pescar y para cazar animales como liebres , conejos , perdices ... .


    Un día una patrulla de policías lo encontraron en el bosque intentando cazar a un conejo , entonces lo capturaron y lo llevaron a un convento en el que las monjas tendrían que formarlo para que fuera una persona normal y para que se pudiera integrar en la sociedad .


    Tras mucho tiempo intentando hacer de el una persona normal , las monjas se rindieron y lo echaron del convento debido a que como era tan agresivo y tenía rasgos tan salvajes , atacaba a todas las personas que pasaban por el convento , desde el panadero del pueblo hasta el afilador , que temía ir al convento y las monjas tenían que ir hasta el pueblo para poder afilar sus cuchillos .


    Un día en el bosque se encontró con una chica que leía un libro bajo la sombre de los árboles . El se acercó a ella y la preguntó por su nombre y ella le contestó de una forma cariñosa . Se llamaba María y provenía de una familia adinerada que tenía una casa en el bosque en la que pasaban los veranos . María le enseñó muchas cosas a Marcos y el empezó a sentir algo muy fuerte por ella que no podía expresarlo con palabras . Un día María le enseñó la palabra AMOR y le explicó lo que esa palabra significaba . Identificado con esa palabra le mostró a María lo que sentía por ella y avergonzada salió corriendo para no volver jamás . Al cabo de los días Marcos se presentó en la casa del bosque de la familia de María pero no había nadie y vio un cartel que decía , EN VENTA . Apenado por la situación Marcos salió corriendo de el lugar en el que se encontraba y juró encontrar a María aunque fuera lo último que hiciera .


    La leyenda dice que Marcos intentó buscar a María por todos los lugares de España pero no la encontró , por ello decidió quedarse a vivir en un pueblo muy pequeño de Galicia donde sus vecinos cuentan historias que el les había contado sobre su vida en el bosque . Uno de los hombres del pueblo asegura que Marcos siempre pensaba en su familia formada por lobos y por la muchacha María que le había enseñado la mayoría de las cosas que el hoy en día sabía .


    FIN


    Daniel Sanz Fernández 4ºA

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  8. Era una templada mañana de primavera. Las flores habían dejado ver sus hermosos y llamativos colores en los claros del bosque. Marcos estaba en el río, bebiendo y a la espera de encontrar algún pez despistado para desayunar. Sin embargo, algo turbó su rutina: una mujer y una niña de unos doce años, aproximadamente su edad.

    Era morena, con los ojos verdes y la piel aceitunada. Llevaba en su frágil brazo una cesta, en la que iba depositando flores. Marcos la contemplaba, entre asustado y asombrado. La niña se dió cuenta de su presencia y se acercó. Él se iba alejando.

    -Eh, espera- dijo la niña-.

    Marcos se detuvo, agitado por la curiosidad. La examinaba con la mirada. No recordaba haber visto algo así. Se preguntaba como una niña podía ser tan hermosa.

    -¿Cómo te llamas?

    El no respondía, tan solo se rascó la cabeza, en busca de algo en su subconsciente que pudiera decir. Hacía mucho tiempo que no oía hablar a nadie, mas esa voz tan dulce solo podía causarle confusión.

    -Ma... Marc... Ma...rcos.

    -Marcos, encantada de conocerte. Me llamo Carmen.

    Ella le tendió una mano. Él dudaba. No sabía qué hacer, pero, tras darle vueltas, decidió aceptarla, cogiéndola.

    -¿Vives por aquí cerca, Marcos?

    Aquello le dejó descolocado. No sabía como aplacar ese silencio de varios minutos. Una voz se oyó a lo lejos.

    -Es mi madre. Bueno, Marcos, Ya nos veremos- y se alejó corriendo, con gracilidad, como nunca antes había logrado ver.

    Se sentía extraño. Notaba una rara sensación en su interior, como si sintiera la necesidad de ver a aquella chica de nuevo.

    Cada día se veían. Ella acudía cada mañana a su lugar de encuentro. Carmen se dedicaba a contarle a Marcos lo que la iba ocurriendo, como si Marcos la entendiera. Mas un día, Carmen no apareció. Marcos se puso nervioso, no sabía qué hacer: si acudir en su busca o quedarse a esperarla. Se decidió por la primera opción. Escrutó el bosque sin dejar un solo rincón por buscar. Llegó hasta el pueblo cercano en el que ella vivía, el que Carmen había citado tantas veces en sus historias. El pueblo estaba en llamas, rodeado de extraños camiones que unos hombres utilizaban para apagar aquel fuego al que tanto miedo tenía.

    Salió corriendo hasta su madriguera. Una vez allí comprendió que Carmen no iba a volver. Y en aquel momento, lo que él había soñado desde un tiempo a esta parte, le turbaban el pensamiento. Aquellos sueños en los que estaban juntos en la orilla del río, en los que vivían juntos en el bosque, le provocaban tristeza. Y unas lágrimas caían por sus mejillas, llevándose consigo sus recuerdos y polvo acumulado en su piel.

    Aquella noche, los bomberos desde sus camiones pudieron oír el aullido lastimero de Marcos,desde el bosque.

    Claudia Gómez 4A

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  9. LA LLAMADA DEL AMOR
    El hogar de Marcos es el bosque, a los 7 años fue abandonado en Sierra Morena donde se unió a una familia de lobos. Allí, aprendió a cazar, pescar y montar trampas, poco a poco se fue olvidando del castellano y se acostumbró a la vida salvaje.

    Un día de verano, mientras Marcos y su manada hacían la cacería vieron algo extraño a lo lejos, se acercaron para observar que era pero esa misteriosa figura desapareció entre las frondosas hojas del claro bosque. Marcos, que ya llevaba varios años viviendo en la espesura del monte, recordaba algo de la sociedad en la que un día vivió, y en aquella extravagante figura vio un atisbo de figura humana.

    Pasaron los meses y Marcos ya se había olvidado de lo ocurrido aquel día de verano. Pero un día de invierno mientras Marcos recogía un ciervo de la trampa volvió a ver a la figura, pero esta vez no la vio tan lejos como anteriormente, esta vez estaba a escasos metros de él y pudo distinguir la forma de una chica bella, pelo largo moreno, ojos claros y verdes como el bosque en el que vivían, una piel delicada como las hojas que cayeron en otoño y a su vez fuerte y dura como el tronco que perdura en el frío invierno. Sin titubear se acercó a ella, lentamente, con pasos cortos, estaba nervioso no sabía como iba a reaccionar la chica pero cuando estuvo casi a su lado, la chica salto se subió a un árbol con una velocidad vertiginosa y saltando entre los árboles llego al ciervo que Marcos había cazado, cortó un trozo de su carne con un cuchillo hecho de piedra que llevaba en su tela y se lo comió. Marcos quedó pasmado ante aquella demostración de agilidad, se acercó a ella y la ofreció mas cantidad de carne, la chica acepto sin hesitar. Sin embargo, la chica al terminar de comer se fue corriendo sin dejarle a Marcos la oportunidad de hablar o intentar comunicarse con ella.

    Marcos pensó en ella toda la noche y se preguntó continuamente si la volvería a ver, su respuesta no tuvo mucha demora, al día siguiente la chica le hizo la misma estrategia para robarle la comida pero Marcos aunque la dejó comer no perdió la oportunidad de hablar con ella. Tras varias horas de balbuceos, gestos y muecas la chica consiguió decirle que se llamaba Sasha y que la primera vez le robó porque hacia tiempo que nada caía en sus trampas y que la segunda vez era para verle a él. Marcos apreció ese comentario y sintió algo que no sabía si era amor, cariño o simplemente curiosidad, el caso es que la invitó a su cueva a conocer a su manada la cual reacciono afectuosamente con ella. Poco a poco Marcos se fue sintiendo más cómodo junto a ella y vivieron muchos años juntos en el bosque.

    Un día mientras Marcos cazaba fue visto por un cazador el cual le capturó y lo llevó a la civilización. Marcos estaba realmente afligido cuando le separaron de su manada de Sasha y de su hogar pero poco a poco y a la fuerza se fue adaptando a la civilización.

    Hoy a sus 66 años ya esta acostumbrado a la ciudad y a la vida que conlleva. A Marcos le gustaba ver la tele y un día viendo las noticias, descubrió que una mujer de edad avanzada había sido vista en el bosque y traída de vuelta a la ciudad. Marcos sabía perfectamente quien era aquella chica de ojos verdes.

    Álvaro Luiz.

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  10. Amanecía sobre los picos de Sierra Morena. Una tenue luz iluminaba el rostro de Marcos. Había salido a ver el amanecer, como todas las mañanas desde que se integró con la familia de lobos. Le trataban bien, le daban alimento y cuidaban de el, ¿qué mas se podría pedir? Todavía recordaba sus días en el monte con aquel pastor, aquellas duras caminatas bajo el sol sin rumbo, ese dolor de pies insoportable, y esa desesperación por hacer algo útil en su vida…menos mal que aquella vida acabó. No recordaba a sus padres. Su madre falleció cuando el era pequeño y apenas podía recordarla, pero si recordaba a su padre: “Ese hombre me destrozó la vida” se decía a si mismo. Sustituyó a su madre por una cualquiera y le dejaron tirado con un pastor de mal genio y miserable. No se lo perdonaría nunca.

    Le encantaba los amaneceres. Esa mañana se había distanciado de la cueva, para poder contemplarlo desde otro lugar, para ver si era igual de hermoso desde todos los lugares de alrededor. Pero ese amanecer fue distinto. Estaba subido a una piedra cubierta de musgo, en lo alto de un monte, y a lo lejos podía contemplar una familia. No era como su familia, ellos no estaban cubiertos de pelo y no lamian las cosas. Eran como el. Eran como su anterior familia, como el pastor que le cuidó, eran distintos. Se acercó a mirarlos de cerca. Oculto entre la maleza, los observaba a unos metros de distancia. La familia estaba formada por una mujer rubia, de tez blanca y delgada, que estaba sentada junto a un hombre de mediana edad barbudo y con voz muy grave, y delante de ellos se encontraba lo mas bello que el nunca había visto. Una niña morena con ojos verdes reía y jugaba animadamente con una pelota.

    Intrigado por saber quien era y de donde venia, salió de la maleza de un salto y se aproximó hacia ella. Los padres, asustados por la aparición de Marcos, decidieron salir corriendo, olvidándose de su hija. La niña le miraba con ojos de asombro, ya que ella nunca había visto tal cosa. No era ni un animal ni un humano. Era asombroso lo que se mostraba ante sus ojos. Le acarició la cara suavemente, y se estremeció. Era un sentimiento distinto al de un lametazo. Era precioso. Le miraba fijamente, hasta que empezó a hablarle:

    -Hola, me llamo Gabriela, no se si me entiendes, pero eres distinto. Me gustas

    Marcos apenas entendía palabra alguna. Se quedo mirándola hasta que en un abrir y cerrar de ojos, sus padres la cogieron y se la llevaron. Una tristeza inmensa le inundó al ver a esa niña desaparecer de su vista.

    Ya era de día. Tenía que volver a la cueva. Había sido el amanecer mas bonito de su vida. Desde ese día, Marcos se sentaba en la misma piedra y contemplaba el amanecer, esperando ver el rostro de Gabriela por alguna parte.

    Sara Rodríguez Carrasco 4ºA

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  11. Marcos era un muchacho de cinco años, cuya madrastra le maltrataba y cuyo padre le vendió a un pastor para poder comer. El pastor le abandonó en el bosque, y él, asustado, se fue a esconder a una cueva, donde encontró a la que sería su familia, su familia de lobos.
    Marcos creció con ellos, y cuando iba siendo más mayor, se daba cuenta de que le faltaba algo en su vida, le faltaba una pareja. Un día, mientras fue a buscar algo para comer, entre los arbustos y matorrales, encontró a una hermosa joven de unos quince años. Era la muchacha más hermosa que Marcos había visto en su vida, la más atractiva que había visto caminar por los senderos del bosque.
    Durante una temporada, la joven siempre estaba por allí, y Marcos la observaba desde la roca más alta del bosque. A veces, se disponía a acercarse a ella y preguntarla cosas de todo tipo, pero se daba cuenta de que apenas sabía hablar el mismo lenguaje que ella.
    Un día, cuando más despistado estaba, la joven se acercó por la espalda y susurrando le saludó. Él, asustado, se dio la vuelta y la vio. Durante unos instantes estuvo inmóvil. Ya decidido, levantó la mano y la sonrió. La muchacha le respondió con otra sonrisa mientras veía que estaba anocheciendo. Entonces salió corriendo y dijo: "Adiós, mañana nos vemos. Por cierto, mi nombre es..." Se hizo un silencio. La joven se cayó y comenzó a rodar colina abajo. Marcos fue tras ella, intentaba ayudarla, pero ella había recibido un golpe mortal en la cabeza. Marcos con un aullido, lamentó su pérdida. Siempre recordaría su belleza y lo más importante, siempre lamentaría el no poder saber su nombre...

    Ana Estrella

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  12. Era una tarde como otra cualquiera, los lobos corrían agiles persiguiendo a su presa, delante de ellos a unos pocos metros, había una trampa preparada por Marcos, un adolescente. Marcos estaba muy acostumbrado a vivir en el monte, de hecho vivía con esa manad de lobos con la que poco a poco aprendió a comunicarse y con la que formó una familia. Dado que su madre murió y su padre lo vendió a un pastor que después desapareció, la manada fue su verdadera familia.


    Ese mismo día después de comer vió algo moverse, más allá de la orilla del río, algo que le recordó al fuego y vagamente a su infancia. Rapidamente atravesó el pequeño río y siguió ese color rojo y vivo.Cada vez estaba más cerca, Marcos veía con más claridad, se dio cuenta que era una persona, pero nunca había visto un pelo semejante.Era rojo, muy rojo, era rizado, muy rizado.De repente ella se dio la vuelta y le miró y poco a poco se fue acercando a él.


    A Marcos le embelesaron aquellos ojos marrones llenos de vida y le sorprendió que fuese vestida igual que él, aunque ella estaba mucho más limpia. Los lobos aullaron llamando a Marcos, él tomó la mano de aquella misteriosa chica y la condujó hasta su cueva con su nueva familia.


    Elena Puyo Marcos 4ºA.

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  13. MARCOS EL JOVEN LOBO.


    Pero en sus ojos veía que ella le temía. Ser temido era su único recelo en ese momento. Marcos también temía a mucha gente, temía a la gente en realidad. Desde muy niño sus padres le maltrataron y a penas tenían dinero para costear su educación, por eso muchas veces huía de la realidad, intentando mantener la suya bien lejos, allá en el monte. Un buen día advirtió la mirada de una criatura salvaje desde un matorral. Por aquel entonces su juvenil inocencia le impedía notar el peligro que corría y de que criatura se trataba. Comenzó a jugar con el pequeño animal y este le guió hasta la pequeña estancia donde dormía su camada y entonces descubrió que era un lobo y se quedo dormido. Cuando despertó la gran loba madre le recibió y cuidó como a un hijo más y este vivió en el bosque doce años, aislado de la humanidad hasta entonces.


    El realmente veía en sus dulces y verdes ojos que ella le temía. Veía su morena piel y su largo cabello también. Era una mujer guapísima además de la primera que veía en años. Llena de miedo esta salió a correr y sin pensarlo dos veces Marcos corrió tras aquella muchacha. Intentando expresarla las cosas que sentía hacía ella, este balbuceo un par de veces, incapaz de expresar palabra alguna. Sabía que si seguían así acabaría perdiendo la pista a esa hermosa mujer. En un desesperado intento de conseguir que parara a escucharle la tocó el brazo con sus rudas y desgastadas manos, lo que hizo que ella corriera aún más. Minutos después la perdió de vista y así, Marcos reafirmó que su vida ya no estaba ligada a la civilización ni mucho menos al lado de una persona. Mientras los animales cazan juntos para así conseguir ser más poderosos, la estúpida especie humana se afana en aislarse y separarse los unos de los otros.


    Su vida estaba allá en el monte, con los lobos.


    Miguel Ángel Rodríguez, 4ºA.

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  14. Hacia un rato que Marcos olía algo distinto a lo normal. Le resultaba familiar pero a la vez algo lejano sobretodo le recordaba a su infancia cuando su madrastra le maltrataba. Él no quería volver a eso pero la curiosidad le pudo. Siguió el rastro hasta que la encontró, era una chica y parecía asustada, decidió esconderse en la copa de un árbol donde pudo observarla mejor.

    Marta había tenido que huir de su hogar cansada del constante maltrato de sus padres de acogida. De pequeña su padre le había enseñado a sobrevivir en el bosque, solía irse con él a cazar y también le enseño a distinguir algunas plantas comestibles. Pero todo cambio cuando su padre murió, ella no tenía a nadie más y por eso tuvo que irse con una familia de acogida, pero un día Marta cansada del constante maltrato decidió vivir en el bosque. Pero lo que Marta no se dio cuenta de que en lo alto de un árbol había una figura cubierta tras las ramas y que esa figura la estaba observando.

    Para Marcos volver a ver una persona fue algo muy contradictorio llevaba más de ocho años sin ver a ninguno y aunque vivir con los lobos para él era lo mejor que le había pasado a veces añoraba hablar con un humano. Pero también le recordó a su infancia. Aun así decidió quedarse y vigilarla. Después de un rato Marcos se movió e hizo un ruido que alerto Marta que había alguien o algo cerca.

    -¿Quién está ahí?-dijo Marta, sabía que era una pregunta estúpida ya que lo más probable que fuera un animal pero estaba asustada. Marcos no sabía que hacer pero al final decidió bajar del árbol. Se acercó a Marta y empezó a dar vueltas alrededor suyo.
    -¿Quién eres?-pegunto Marta. Marcos no sabía si podría contestarla pero decidió tenderle la mano y pedirla que fuera con él y su manada.
    Así fue como empezó la historia de amor de Marcos y Marta.

    Alba Montero Muga, 4ºA

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  15. EL LOBO HUMANO

    Marcos se levantó pronto, a diferencia de los demás lobos, él prefería madrugar. Llevaba varios días observando a su presa, y aquel día se sentía capaz de acabar con ella. Sin avisar a la manada, abandonó el refugio y emprendió su cacería. Antes de adentrarse en el bosque a buscar a su víctima, Marcos se acercó a la charca. A pesar de llevar apartado de la civilización desde los 7 años, todavía se acordaba de los principios humanos. Se lavaba la cara todas las mañanas para estar más despejado y bebía un trago de agua para no cansarse antes.
    La presa elegida era un alce, pero no uno cualquiera. Marcos había elegido al macho más grande de la manada, aquel alce rondaría la altura de 1,8 metros y su cornamenta le podía matar de un golpe. La razón por la que Marcos le había elegido era porque el animal andaba cojo y presentaba síntomas de debilidad. Tras varios días de asedio al animal, Marcos esperaba escondido en unos arbustos para atacarle con su lanza afilada. Estaba a punto de abalanzarse sobre el alce, cuando un estallido retumbó en el aire y el animal cayó desplomado al suelo. Inmediatamente, una chica se acercó al animal.
    La chica tendría la misma de edad que Marcos, en torno a los 18 años, y destacaba por su rubio cabello y sus penetrantes ojos color avellana. Sostenía un artilugio en la mano, el cual Marcos no recordaba haber visto antes. Marcos, escondido, observaba a aquella bella mujer. La chica agarró al animal de una pata y empezó a arrastrarlo por el húmedo suelo del bosque. Sin pensárselo dos veces, Marcos salió de los matorrales para reclamarla lo que era suyo. La chica se sobresaltó al ver a Marcos.
    "Hola, me llamo Paula" fue lo único que él pudo entender, ya que después de 10 años no recordaba el lenguaje castellano. Marcos se quedó hipnotizado al ver como aquellos ojos le miraban directamente. De repente, una extraña y nueva sensación recorrió el cuerpo de Marcos. Se quedó en blanco y no sabía que hacer. Tal era la vergüenza, que decidió darse la vuelta y correr hacia el refugio.
    Durante los siguientes días, Marcos no dejaba de darle vueltas a la escena ocurrida aquella mañana en el bosque, e incluso no salia a cazar por temor a encontrarse con Paula.
    Una semana después, la policía acudió al bosque tras recibir una llamada diciendo haber visto un hombre de 19 años desnudo por el bosque. Marcos fue encontrado y llevado a un convento, lejos de su verdadera familia, los lobos, y sin noticias de su verdadero amor, Paula.

    Hay quien afirma haber visto diferentes ralladas en las paredes de una cueva bosque de Sierra Morena, todas ellas con el nombre de Paula.

    Adrián Vega Martín 4ºA

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  16. Marcos acechaba al pobre conejo que intentaba por todos los medios no ver acortada su vida. El escurridizo animalillo corría a través de maleza alta; un muchacho cualquiera le habría perdido la pista al poco rato pero Marcos no era un muchacho cualquiera. Sus sentidos estaban agudizados de tal forma que era capaz de diferenciar el cimbrar causado por el viento del que producía el urgido conejo mientras huía. La maleza llegaba a su fin, Marcos ya se veía desgarrando la tierna carne de su presa. Cuando doblaban una inmensa roca percibió como interrumpía su fuga. Extrañado, siguió corriendo. ¿Por qué paró? Había perseguido muchos conejos y estaba seguro de que aún le quedaban fuerzas, además, se veía que estaba sano y no aparentaba ninguna enfermedad ni malformación a simple vista. No tardaría en comprender el porqué. Él también se habría parado allí mismo si se hubiera encontrado con ella, no por su belleza, que era evidente, pero más bien porque hacía mucho tiempo que no veía algo que se asemejara en lo más mínimo a él.

    - ¿¡Pero que te pasa Cone!? ¿Estás bie-...

    Calló de inmediato, un chico encorvado de aspecto harapiento respiraba agitado. Tenía el pelo largo, las uñas como si fueran garras y vestía con pieles de animales aunque no estaba mugriento.

    - ¿Quién eres? - preguntó la chica con cierto tono desconfiado e incluso miedoso mientras retrocedía un par de pasos.

    Aquellas palabras retumbaron en la cabeza de Marcos como un golpe seco. Le sonaban. Sabía qué significaban. Al principio quedó aturdido, después se encendió la pequeña y maltratada chispa del habla que aún residía en las entrañas de su mente.

    - Marcos.

    - ¿Estás perdido?

    La joven no veía malicia en el chico y le veía genuinamente desorientado. Decidió romper el incómodo silencio intentando entablar amistad con él.

    - Yo me llamo Pilar y – señaló al conejo- el Don Cone. Vivo en el pueblo que está arriba, ¿lo conoces? El que tiene un párroco muy buena persona. Me cae bien. No le digas a mis padres que estoy aquí, me han dicho que es peligroso pero yo no les creo. Mira, si subes por ahí, llegas al pueblo.

    Levantó la mano de manera brusca, aquel gesto le hizo retroceder en el tiempo haciendo irrumpir recuerdos que creía olvidados. Sintió temor que cambió en nada a rabia. Se abalanzó sobre la muchacha que cogida por sorpresa no opuso resistencia. Estaban los dos en el suelo.

    (Parte 1/2)

    Sergei Marinovic Garrido 4ºA

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    1. - ¡No me pegues por favor! ¡Noo! ¡No me pegues!

      Se quedó de piedra, totalmente petrificado. Lo entendió a la perfección. Sintió como si Pilar no existiera. Se veía a sí mismo de pequeño, le observaba encogido con mirada pavorosa mientras repetía una y otra vez la maldita frase. Reuniendo todo el valor que tenía y no sabiendo si hacía lo correcto Pilar le preguntó a Marcos:

      - ¿A ti también te pegan tus padres?

      Otro largo silencio. Los dos seguían en el suelo. Marcos estaba cara a cara con Pilar. Sus ojos le preguntaban miles de cosas. Las manos le sudaban, su corazón galopaba sin control. ¿Qué era eso? Peligro no era. No se veía amenazado. Estaba excitado, se sentía como en plena cacería. No... no sabía describirlo. Ya no se encontraba cansado, pero su respiración seguía siendo agitada. Ahora las manos también le temblaban ¿Qué está pasando? ¿Por qué le alteraba tanto?. Bajó la mirada. Era un gesto inesperado, no se baja la mirada. Hacerlo es dar tu brazo a torcer, reconocer la dominación del otro.

      - Te gusto, eh – sonrió de manera pilla.

      Un estruendoso grito rompió la magia del momento, era la voz de un hombre.

      Pilar se levantó atropelladamente.

      - ¿Aquí, mañana, vale? -prometió, apuntando a la roca.

      Se encontró tan embobado mirando como se alejaba su figura que cayó al suelo con el berrido que pegó el padre. No podía verle, pero a ella sí.

      - ¡Qué te he dicho! ¡Hazme caso, joder, hay que ver con la niña! - chilló el energúmeno.

      Ella se giró y volvió a apuntar a la roca.

      - ¡Que me mires cuando te hablo!

      Estalló una bofetada en su cara. Marcos estuvo a punto de salir y devolvérsela con creces pero tenía miedo de los hombres. Apretó los puños y oyó como los gritos se atenuaban hasta volver al silencio. Iba a volver con los lobos cuando se topó con Don Cone, que tiritaba en un rincón. No sabía si era por temor a él o al ruido reciente. Se había olvidado de su mascota por completo. Tenía tanto miedo a su padre que se había olvidado de su mascota por completo.

      Los lobos no comprendían, ¿protegía a un conejo?. Cada día Marcos se sentaba cabizbajo en la misma roca y dejaba pasar el tiempo deseando que Don Cone echara a correr como lo había hecho en aquella ocasión y le guiará hasta Pilar otra vez. Durante estas largas horas su única compañía fue la de su nuevo amigo pero no le era suficiente. Por primera vez en su vida desde que vivía con los lobos, él se sentía solo.

      (Parte 2/2)

      Sergei Marinovic Garrido, 4ºA

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  18. UN LUGAR EN UN MUNDO.

    El pequeño Marcos, que no resultaba ser tan pequeño, se sentía parte de la vida salvaje, ya que la vida que se supone que debe llevar le ha golpeado y abandonado como si fuera basura. En la vida no es tan necesario ser fuerte como sentirse fuerte y Marcos había encontrado su lugar, arropado por corazones que le necesitan y es lo que el principalmente buscaba; amor, y sentir que alguien le necesita.

    Marcos decidió huir y refugiarse en el mundanal bosque, que será su nueva casa. No necesitaba nada para ser feliz, le bastaba con despertar cada día con esas fuerzas y ganas de explorar y descubrir algo nuevo e inédito. Para ello un día pescaba y simultáneamente trataba de inventar alguna trampa para cazar algún gran animal o mismamente un pequeño ave. Cualquier cosa para llevarse a la boca, no es que fuera especialmente caprichoso y exquisito. Un día cualquiera, Marcos encontró una cueva pequeña, pero lo suficientemente grande como para llamar su curiosa atención. Entrò dentro y para su sorpresa unos pequeños y dulces cachorritos le esperaban con ganas de recibir y dar cariño. Inconscientemente Marcos se quedó dormido y sobre èl los pequeños cachorritos de lobo, cuando la mamà lobo llegò y les viò también se encariñò con Marcos dado que no había dañado a sus pequeños. Y sin querer y sin darse cuenta poco a poco paso a ser uno de ellos, aprendió a aullar y se integró indudablemente. Marcos había adquirido alma de lobo aunque su físico continuaba siendo de persona humana. Marcos era muy feliz, muy feliz de no necesitar nada para ser feliz y para llenarse, pero su instinto humano seguía acompañándole y parecía no quererse ir. Tenía continuamente un presentimiento de que una presencia le perseguía, pero no era una presencia normal, era una presencia que le ponía muy nervioso y le hacía no poder parar de pensar en ella.

    Era un día de primavera, muy cercano al verano , y Marcos decidió sentarse a contemplar el magnífico atardecer que se podía divisar desde esos mágicos escondrijos que nos da la naturaleza, cuando siente que el corazón deja de latirle, aparece un nudo en la garganta… todo se paraliza por un instante. Unas suaves y delicadas manos le cubren los ojos, y un fino y sedoso mechón de pelo le roza la espalda creándole un escalofrìo. Una voz le susurra ‘Soy yo, he estado contigo todo este tiempo’. Marcos consigue reaccionar pasados unos segundos, se gira lentamente y siente otro pequeño infarto, -Es ella, -dice en bajito. Es la presencia, la que aparecía en todos mis sueños. Tras asimilar todo lo sucedido ambos saben que se han enamorado, pero no derrpente, saben que llevan enamorados todo el tiempo que se han sentido aunque a ciegas. Marcos trata de explicarle todo por lo que ha pasado y porque está actualmente viviendo así, ella solo le contesta –Lo sé, recuerda que llevo contigo todo este tiempo.

    Llega el otoño y la familia crece, los pequeños cachorritos se divierten jugando con los pequeños bebès que surgieron de este mágico y único amor. Y es que en la vida hay que rodearse de todo aquello que nos hace sentir vivos, llenos y queridos.

    LUCIA CORDOBA MORENO 4ºA

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  19. profe andres dice que no le ha dejado subir el texto en el blog y que te lo ha mandado por correo para que lo corrigieras o lo vieras

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  20. Javier, soy Lucía , me ha dicho Andrés que por favor te avise que tiene problemas en publicar su trabajo por aqui y por ello te lo va a enviar por correo.

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  21. HUMANIZACIÓN DEL HOMBRE SALVAJE

    Marcos es un niño de 7 años, su madre fallece y su padre le abandona con un pastor ya que él no puede alimentarlo. Al poco tiempo, el pastor muere por lo tanto este niño se queda solo sin nadie que le pueda cuidar.

    Marcos vió unos cachorirtos con los que empezó a jugar en el campo. Después, se fue con ellos a una cueva donde una loba le trató como la madre que no tenía asi fue como empezó a vivir con está manada de lobos cazando, durmiendo con ellos y sobriviviendo a los calurosos veranos y a los helados inviernos cada año.

    Un día, Marcos iba corriendo detrás de su presa como habitualmente pero vió algo detrás de unos arbustos que estaban a unos 50 metros. En ese momento, se dirigió hacia allí pensando que era una liebre pero justo cuando le iba a clavar la flecha se dió cuenta de que era una persona similiar a él. Nunca había vuelto a ver a nadie así .Se quedó deslumbrado sin saber que decir ni hacer. Ella le miró y comenzó a hablar.

    - ¡Hola me llamo Daniela! Y ¿tú?

    Marcos no contestó.

    - Pero... ¿ Tú me entiendes?

    Tenía la mirada perdida como si no le estuviera hablando a él.

    - ¿ Estas muy sucio te han hecho algo?

    Como Marcos seguía sin contestarla, Daniela se fue hacía el pueblo pensativa no podía sacarse de la cabeza al humano salvaje que había conocido en el bosque porque había algo en el que le llamaba la atención. Marcos no paraba de imaginarse a esa joven era maravillosa alta, delgada, con un cabello dorado, los ojos azules... Se sentía raro ya que nunca había apreciado este sentimiento antes. Al día siguiente, fue al mismo lugar donde la había visto por primera vez pero ella no fue. En aquel momento, Daniela necesitaba verle, ayudarle para que pudiera volver a la civilización. Entoces, fue al mismo lugar donde le vió la otra vez. Ella se sorprendió ya que Marcos estaba allí como si la estuviera esperando. Durante muchos días los dos iban al mismo lugar y Daniela le enseño hablar, le trajo ropa y le dijo algunas constumbres de los humanos. Marcos decidió despedirse de su familia de lobezna para ir al lugar donde debería estar con Daniela que es el pueblo. Allí todos los habitantes le miraban de forma extraña excepto ella porque habían creado un vinculo tan fuerte que se amaban a pesar de todo lo que les separaba; día trás día estaban más unidos hasta que decidieron compartir sus vidas y formar una familia.


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  22. El IRRESISTIBLE AROMA HUMANO
    Ya hacía una hora desde que los lobos se habían ido a sus respectivas cuevas a reposar la recompensa de la caza de ese día, sin embargo, una persona cubierta con el pelaje de la cacería yacía en un claro del bosque. No podía dormir, había algo a lo que no había parado de darle vueltas desde aquella tarde en el bosque… Y es que Marcos había notado un nuevo aroma, parecido al suyo pero al mismo tiempo tan diferente y atractivo que le había hecho olvidarse de la caza por un momento, dejando de lado su instinto animal y le había incitado a seguirlo hasta el poblado indio, el límite de su territorio y al darse cuenta regresó para unirse junto al resto de la manada.

    En ese momento parece que lo vuelve a oler, olisquea el aire para asegurarse, si, sin duda, ese es el aroma. Marcos se incorpora y empieza a buscar alrededor al animal que desprende ese olor y, es entre la oscuridad de los árboles, donde acurrucada se dibuja una silueta humana de un tamaño similar a la de él, delgada, con un pelo largo y tan negro que se confunde entre las sombras de la noche y que le observa con curiosidad. Su instinto humano, hasta ahora desconocido para él, le hace acercarse a ella, dudan, se miran, sin duda existe una gran conexión entre ambos diferente a cualquier otro vínculo que tiene con los animales salvajes. Ahora es ella la que pronuncia unas palabras, por lo que se da cuenta que es india, uno de los mayores depredadores de su especie, pero en ese momento es tanta la atracción que siente por ello que ni eso le importa. Empiezan a perseguirse y Marcos se abalanza sobre ella al igual que hace con sus hermanos salvajes, pero la respuesta que recibe no es la esperada, decide entonces dejarse llevar y es la chica la que comienza a acariciarle, con cariño, trasmitiéndole sentimientos que poco apoco iban despertando la chispa humana que aun quedaba en su interior.

    Y así, entre caricias, tonteo, persecuciones que acaban en sonrisas de ambas por ambas partes llegaron al poblado indio hasta donde marcos había seguido su rastro la tarde anterior. Marcos sintió que se estaba alejando de su casa y se sentó, negándose a avanzar, la chica viendo su inseguridad intento animarlo de todas las formas posibles: con golpecitos cariños, susurros, caricias… pero Marcos seguía sin moverse. Entonces la chica se abalanzó sobre él y le beso. Un escalofrío, más potente que cualquier otro que hubiera sentido en las noches más frías de invierno le recorrió todo su cuerpo, su corazón se acelero más que después de una larga persecución durante una cacería y finalmente sintió como un humano. Estaba decidió, debía seguirla hasta el poblado. De repente oye aullar a su manada y sale corriendo a reunirse con ella como si nada de lo demás hubiera pasado. Aunque esa noche algo ,que no sería fácil de volver a apagar ,había despertado en su interior, EL AMOR.


    Alba Bergaz Alonso 4ºA

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  23. Tras haber sido maltratado, vendido y posteriormente abandonado, Marcos, un niño de tan solo siete años, comenzó una nueva vida salvaje con una jauría de lobos que hicieron de él uno más de la familia.
    Doce años después, Marcos ya sabía valerse por sí mismo en el bosque. Cazar, pescar, aullar, refugiarse del frío y refrescarse en días calurosos son algunas de las cosas que aprendió en esta peculiar familia. Tumbarse a la orilla del río sin duda era lo más placentero para él y vivir en el bosque era vivir en libertad, lejos de los malos tratos y desprecios que había sufrido en su niñez. Sentía que aquel era su hogar, tanto que olvidó por completo la civilización, el lenguaje, la raza humana y todo lo que tenía que ver con ella.


    El joven “lobo” se despertó al amanecer y como de costumbre, salió en busca de algún alimento que echarse a la boca, pero este día resultó diferente. Atravesó el río encaminado al terraplén donde normalmente era fácil encontrar alguna que otra liebre. Cerca del lugar al que se dirigía pudo escuchar algunos ruidos que le hicieron caminar cautelosamente. Según se acercaba iba reconociendo algunos de estos sonidos. Eran palabras, no lograba entenderlas pero cuando les vio supo quienes eran. Cazadores.

    Los cazadores acamparon en una pequeña llanura durante semanas. Marcos debería haber cambiado de cueva con su familia a una más apartada de los humanos, sin embargo; había algo que le hacía merodear por allí bastante a menudo. Más tarde descubrió lo que era. Una jovencita que respondía al nombre de Elisa acampaba allí desde el primer día. La había estado observando, era preciosa y delicada, nada que ver con esos hombres peligrosos y fortachones.

    Un día Elisa se adentró en el bosque sin saber el peligro que corría y mientras recogía algunos frutos, una serpiente se acercaba a ella sigilosamente. Por suerte, Marcos estaba allí para evitar que la serpiente se enganchase al tobillo de Elisa. La joven estaba confusa, agradecida por el acto heróico que la había salvado, pero algo asustada al ver a aquel descuidado chico. Cuando la chica estaba más calmada intentó comunicarse con él sin conseguir ningún resultado. Unas semanas después habían cogido confianza y se veían a menudo. Marcos le enseñaba algunos lugares del bosque y a cambio Elisa le enseñaba a él algunas palabras. Así surgió una gran afinidad entre ellos.

    A pesar de lo feliz que había vivido Marcos en el bosque, descubrió que echaba de menos algo que no recordaba. El amor con su madre lobo era incalculable pero de repente necesitaba algo más que eso. Sentía algo que le atraía a estos individuos, algo que no le permitía alejarse demasiado de ellos y en particular de Elisa. Con el tiempo, Marcos fue alejándose del bosque y decidió comenzar una nueva vida con Elisa. Decidió hacer caso a su instinto ahora no tan salvaje y responder a esa llamada que sentía: la llamada de la civilización y una todavía más intensa: la llamada del amor.

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  24. Marcos, uno mas de la manada. Cazaba con la misma ferozidad, tenía un olfato tan desarrollado como ellos y se movía con las misma agilidad por el monte.
    Llevaba una vida completamente salvaje, igual a la de los lobos con los que se había criado. Toda su vida la había pasado con ellos y costaba diferenciarle.

    Era invierno y los hojas de los pinos estaban tiesas y congeladas. El rio congelado, escaso de vida y el cielo tan gris hacia un ambiente que entristezia pero a la vez calmaba a Marcos.
    Sus días eran monotonos aunque a Marcos le agradaba. Hacía mucho tiempo que no sentía ningún malestar. Estaba en un estado de plena salud y sentía mucha energía en su interior.

    Todos los dias después de comer, Marcos, junto a la mayoria de la manada de lobos, se acostaba en alguna parte cálida en la que puediese reponer fuerzas. Ultimamente tenía que meterse dentro de las cuevas a causa del frio y no podía permitirse el lujo de dormir a la intemperie. a la sombra de un arbol o al lado del rio como a él tanto le gustaba. Pero el tiempo no se lo permitía asique aquel día, después de haber cazado un gran ciervo por su cuenta y haberlo compartido con su familia formada por lobos, Marcos tenía ganas de aquella siesta bien merecida y nadie se lo iba a impedir.

    Empezó a buscar algún sitio en el que refugiarse de aqul frio y poder descansar. Se alejó mas de lo que solía hacer y estuvo buscando cobijo durante mucho tiempo. Acabó encontrando una cueva muy amplia y a la vez acogedora asique sin pensarlo mas se metió en aquel lugar y se tumbo junto a la pared, con los ojos mirando a las grietas que la recorrian, apretandose contra la pared de piedra que, aunque estuviese fría, al rato le hacia sentir calor.

    Marcos empezó a abrir los ojos. Sentía mucho calor y escuchaba un chisporroteo que le hizo ponerse en alerta y darse cuenta de la situación. Cuando se dió la vuelta lo primero que vió fue un fuego encendido sobre unos troncos que instintivamente le hicieron alertarse y tomar posición de autodefensa. Seguidamente, miró hacia algo que estaba sentado junto a aquel fuego. Era una mujer desnuda. Pero a Marcos no le causó aquella sensación de peligro como el fuego, al contrario le causó un imagen de misterio e incluso de tranquilidad.

    Marcos relajó todas las partes de su cuerpo y se quedó quito en el sitio donde se había quedado, esperando alguna respuesta por parte de aquella mujer por el que él sentía algún tipo de atracción que le hacía sentir curiosidad. La mujer, lentamente se acercó hacia Marcos y con mucha cautela le empezó a rascar bajo la oreja mientras con la otra se la iba pasandodesde el cuello através de la espalda repetida y suavemente.
    Aquello le produjo mucho placer a Marcos que quedó rendido ante tales caricias que nunca antes había sentido. Eran sensaciones que no había experimentado nunca.

    Y desde ese día, Marcos acompañaba a aquella mujer siempre intentando hacerla sentir lo mas agusto posible. Marcos se sentía mas libre que nunca.

    Nicolás Ruiz Rodríguez 4ºA

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  25. LA LLAMADA DEL AMOR

    El bosque se mantenía silencioso, como de costumbre. El lugar estaba tranquilo, y parecía inalterable, creando un aura de paz alrededor de cualquiera que se internase en la arboleda. Sin embargo, en un instante, la embriagadora calma que rodeaba la espesura del bosque se vio frustrada por un intenso aullido. Era Marcos. El hambre le devoraba, por lo que había decidido reunirse a sus camaradas para comenzar, como de costumbre, la caza. En un instante, Marcos se encontraba corriendo, seguido por sus congéneres, los lobos, quienes le habían acompañado y ayudado a sobrevivir desde su niñez. Rápidamente, dieron caza a un pequeño ciervo, y Marcos, tras deshacerse de la molesta piel, empezó a repartirlo.

    Había sido un día completamente normal, sin embargo, esa noche Marcos se sentía realmente extraño. No sabía lo que era, pero notaba que algo estaba pasando dentro de él, por lo que decidió escabullirse de la cueva en la que, junto a la que había sido su familia desde los siete años, solía descansar. Empezó a deambular por el bosque, tratando de ser lo más y silencioso posible, pues, aunque tampoco importaba mucho, prefería no llamar la atención de los distintos seres que rondaban la zona a esas horas. ó un buen rato durante el cual. el joven no paró de recorrer la zona sin rumbo fijo, hasta que por fin se decidió a volver a la acogedora gruta que llamaba hogar.


    Pasaron varios días, y mientras que esa extraña sensación se intensificaba, sus escapadas nocturnas se hacían cada vez más frecuentes. Poco más de dos semanas después, el frío del invierno se acentuó, y las presas que solían servir de alimento se hicieron cada vez menos comunes. Finalmente, y tras pensarlo mucho, decidió adentrarse en la parte sur del bosque, para dirigirse al pequeño pueblo que allí se encontraba. Desde pequeño, los lobos le habían enseñado a alejarse de esa zona, sin embargo, el intenso olor a comida y el hambre que ya empezaba a hacer mella en él, le convencieron de lo contrario.

    CONTINÚA...

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  26. ...

    Cuando hubo recorrido suficiente camino, empezando así a adentrarse realmente en el sur del bosque, empezó a detectar un cúmulo de sensaciones nuevas para él, que aumentaban conforme se seguía aproximando al pequeño municipio. La cantidad de olores nuevos que se sucedían era incontable, y el aura que impregnaba la zona era totalmente distinta a la del lugar en el que había vivido durante años. A pesar de seguir dentro del bosque, notaba muchas presencias nuevas para él, que contrariamente a lo que el jamás hubiese imaginado, no trataban para nada de ocultarse. Podía escuchar decenas de ruidos de seres rondando la zona serenamente, sin ningún miedo a ser descubiertos. ¿Por qué? ¿Tan temibles serían esos seres? Marcos empezó a sentir algo de miedo, pero lejos de acobardarse, decidió continuar su travesía en busca de algo que llevarse a la boca. El joven continuó su camino, mucho mas alerta de lo que se había mantenido hasta el momento, hasta que al final detectó presencia que parecía estar aislada. Escondido entre las malezas, se dirigió hábilmente hasta allí, esperando encontrar a alguno de esos seres, que, con suerte, no sería tan espantoso como había imaginado.
    Según se iba acercando, el extraño olor que desprendía la criatura se intensificaba, avivando la extraña sensación que hacía tiempo se había despertado en él. Finalmente, creyó ver algo, y asustado, se camufló en un matorral. Lentamente, se asomó para intentar divisar como eran esos seres, y lejos de encontrar la espeluznante criatura que había imaginado, encontró ante él la criatura más bonita que había visto nunca. A Marcos le encantaban las mariposas, desde pequeño le habían parecido unos insectos adorables, y solía ponerse a jugar con ellas cada vez que encontraba una. El ser que encontró ante sí, por un momento le recordó a esas mariposas que tanto le gustaban, pues aparentaba ser tan delicada como una, sin embargo, la silueta que se erguía ante el era mil veces más bonita que cualquier mariposa que hubiera visto nunca. Cada segundo que pasó contemplando aquella escena, la velocidad a la que latía su corazón aumentaba, haciéndole sentir cosas mucho intensas que cualquier otra que hubiera experimentad antes. La extraña sensación que le había estado llamando tanto tiempo, ahora le gritaba con fuerza, avivando el cúmulo de sensaciones que se congregaban dentro de él. La chica era preciosa, sin duda; tanto que a día de hoy, su rostro sigue grabado en su memoria. Al momento de distinguir esos preciosos ojos verdes, quedo totalmente embelesado, sin saber que hacer, hasta que al final su cuerpo decidió por él. De un salto, salió de entre las malezas cayendo cerca de la chica, cuyos labios a penas tuvieron tiempo de articular un aterrado gemido, antes de comenzar a correr. Marcos, sin entender lo que acababa de pasar, decidió correr tras ella. Estaba desconcertado, claro que, hasta dentro de unos años no comprendió que, para una joven que se encuentra sola en el bosque, que un hombre medio desnudo salté de entre unos arbustos hacia ella no era precisamente tranquilizador. Pasaron apenas unos segundos hasta que Marcos alcanzó a la chica. Era de esperar, pues él gozaba de una agilidad y una velocidad mucho mayores que las de la muchacha. Sin embargo, también era mucho más brusco, y pensó que la mejor forma de hacerla entender que no pensaba hacerla daño, era saltando sobre ella. La joven estaba aterrada, aquel hombre semidesnudo que hacía a penas unos segundos había aparecido de la nada, se encontraba ahora encima de ella, mirándola fascinado a los ojos. Durante un instante, dio la sensación de que aquellos asustados ojos, dieron lugar a pequeñas lágrimas que causaron un gran malesar en Marcos.

    CONTINÚA...

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  27. ...

    -¿Quién eres? - balbuceó ella asustada- ¿Qué quieres de mi?

    El joven quedó pensativo, estaba seguro haber escuchado antes esos sonidos. No los comprendía muy bien, por lo menos conscientemente, pero sin darse cuenta, su cuerpo actuó solo de nuevo, aunque de una forma mucho menos preocupante para la joven.

    -Marcos. -contestó sin saber bien por qué.

    Andrés Ruiz Benito 4ºA

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