Vamos a sacar de su contexto las figuras de Tristán-Iseo-Marcos
o bien las de Petrarca-Laura-Hugo de Sade (su esposo) para mirarlas desde la
óptica del drama de Shakespeare, con el fin de elaborar un diálogo (similar al
que vas a leer) previo al crimen subsiguiente. Para ello deberás
imitar el estilo del dramaturgo inglés: en el diálogo deberán aparecer entre ocho
y diez imágenes de vuestra cosecha tan poderosas (al menos) como las que se han
señalado en negrita. Damos por descontado que la iniciativa la lleva
siempre el personaje femenino.
LADY MACBETH.-
Está ronco el cuervo que anuncia con graznidos la fatal llegada
de Duncan a mi castillo. ¡Espíritus, venid! ¡Venid a mí, puesto que presidís
pensamientos de muerte! ¡Arrancadme mi sexo y llenadme del todo, de pies
a cabeza, con la más espantosa crueldad! ¡Que se espese mi sangre, que se bloqueen
todas las puertas al remordimiento! ¡No vengáis a perturbar mi propósito
cruel o a poner tregua a su cumplimiento! ¡Venid hasta mis pechos de mujer y transformad
mi leche en hiel, espíritus de muerte que por doquier estáis al acecho! ¡Ven,
noche espesa, ven y ponte el humo lóbrego de los infiernos para que mi ávido
cuchillo no vea sus heridas, ni por el manto de tinieblas pueda el cielo
asomarse gritando «¡basta, basta!».
MACBETH.- ¡Haré
lo que haga falta!
LADY MACBETH.-
Tu rostro, mi señor, es como un libro donde el hombre puede leer cosas
extrañas. Para engañar al mundo, procúrate el inocente aspecto de la flor
pero, sé tú la víbora al acecho. Habremos de atender al que ha de venir (Duncan)
y tendrás que dejar que sea yo quien se ocupe esta noche de nuestro gran proyecto,
que dará a nuestros días venideros y a todas nuestras noches absoluto dominio
soberano, y el poder. Yo he dado el pecho y sé lo dulce que es amar al niño
que amamantas; cuando estaba sonriéndome,
habría podido arrancarle mi pezón de sus encías y estrellarle los sesos si lo
hubiese jurado como tú has jurado esto.
MACBETH .- ¿Y
si fallamos?
LADY MACBETH.- ¿Fallar
nosotros? Tú tensa tu valor hasta su límite y no fallaremos. Cuando
duerma Duncan (y al sueño ha de invitarle el duro viaje de este día) someteré a
sus guardianes con vino y regocijo, de tal suerte que la memoria, vigilante
del cerebro, sea un vapor, y el sitial de la razón no más que un alambique.
Cuando duerman su puerca borrachera como muertos, ¿qué no podemos hacer
tú y yo con el desprotegido Duncan? Luego podremos incriminar a esos guardas
beodos, que cargarán con la culpa de este inmenso crimen.
Cierre: Domingo 24 a las 21h